"Dudas" Primera Parte.
—Te amo, princesa —me susurraba mi novio a mi oído, una y otra vez, mientras que con su mano acariciaba parte de mi pelo, y con la otra acariciaba mi rostro con delicadeza.
—Yo más —susurré con una sonrisa en mi rostro, mientras juntaba nuestras narices y las hacía chocar una y otra vez, mientras tenía mis ojos cerrados disfrutando del momento.
—No lo creo —aseguró él con una sonrisa seductora.
—No te lo creas... —dije como si no me importara que él, supuestamente, me quisiera más que yo a él. Reí despacito, y besé sus labios una vez más en aquella tarde.
Era la persona más feliz, porque simplemente, estaba con el amor de mi vida. ¿Cómo no estar feliz, estando con el hombre perfecto a mi lado?
Sí. Tal vez el hombre perfecto no exista. Pero él es el hombre perfecto para mí, somos muy parecidos, pero a la vez muy distintos. Y a veces nuestras diferencias nos traen problemas, y tenemos discusiones tontas, que arreglamos enseguida, pero que hacen que derramemos muchas lágrimas. Pero esas diferencias, jamás han podido acabar con nuestra relación, y nadie la hará acabar, NADIE.
Joseph era lo más importante que tenía. Él me amaba como nadie lo había hecho antes. Me respetaba, y me mimaba como nadie. Simplemente sabía como hacerme sentir mejor, feliz, contenta y todos los días de buen humor. Gracias a él, mi sonrisa estaba intacta en mi rostro día a día, y no se iría. Gracias a él, he aprendido muchas cosas, y he madurado, no del todo, pero no era tan inmadura como antes. Él me había enseñado mucho de lo que yo no tenía ni idea.
Cuando nos conocimos, empezamos a ser simplemente amigos. Yo me enamoré de él al instante, pero él jamás se fijó en mí. No sabía el por qué, pero sus ojos se posaron en una vieja amiga. Una increíble española, que se mudó a Estados Unidos de pequeña. Ella estuvo enamorada de mi novio, y mi novio de ella. Pero ellos jamás supieron los sentimientos del otro. Por esa razón, ellos nunca estuvieron juntos.
Cuando ella volvió a España, Joseph no supo nada más de ella. Yo lo conocí a él, justamente una semana antes de que Leire volviese a España, a vivir de nuevo. A su país natal.
Ella nunca llamó a Joseph. Ni si quiera le mandó un mensaje en los tres años que ella ya llevaba en España. Joseph esperaba a que ella regresara, e incluso hablaba todos los días de ella. Aunque a medida de que el tiempo pasaba, él se iba decepcionando más y más. No recibió nada de Leire. Ni llamadas, ni mensajes, ni cartas... absolutamente nada.
Parece que Joe a los dos años, más o menos, se comenzó a olvidar de ella. Ya no hablaba tanto de ella, no la nombrara casi si quiera. Pero yo bien sabía, que aunque él ya no hablara de ella, en su mente seguía estando, y tal vez en su corazón también. Pero de eso ya no estaba tan segura.
Mi amor por él, obviamente nunca se fue, y él jamás lo supo. Jamás supo lo que yo sentía hacia él. Mis sentimientos solo los sabía una persona: mi mejor amiga. La cual resultó ser prima de mi novio, por lo tanto, ella siempre trataba de ayudarme, pero nunca conseguí que Joseph se fijase en mí. Bueno, hasta hace nueve meses. Hace nueve meses que él se enteró de lo que yo sentía por él. Al principio no se lo creyó mucho, pero después, se lo comenzó a tomar muy en serio.
Sin saber por qué, Joseph comenzó a hacerme más caso. Él había dejado de hablar completamente de Leire, y yo ya creía que ella no significaba nada para él, que ya no estaba a cada momento en su mente, y que el corazón de Joseph, ya no le pertenecía a Leire. Y por suerte, no estaba equivocada. Hasta él mismo me lo dijo. Aún lo recuerdo a la perfección.
—Entonces tú... ¿ya no sientes nada por Leire? —le pregunté en un murmullo lleno de miedo, por la respuesta que él me diera.
—Absolutamente nada —aseguró con una sonrisa—. Estuve muy ciego, y... —y ahí se quedó callado. Él alzó su mano para acariciar mi mejilla—. Y no me di cuenta de que el amor de mi vida, lo tenía aquí conmigo, a mi lado las veinticuatro horas del día.
Yo me quedé helada. ¿Qué había querido decir Joseph con eso que acababa de decir? ¿Me estaba diciendo que el amor de su vida era yo y que se acababa de dar cuenta?
Lo miré confundida, sin saber por qué había dicho, sin entender nada de nada. Él rió y acarició, una vez más, mi mejilla.
—Que tú, eres la chica de la cual yo estaba enamorado, y no me di cuenta nunca, Marie. Y aún no sé como no pude darme cuenta, y no me fijé antes en ti.
Continuará...
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