
El corazón, sin saber por qué, me comenzó a latir más rápido de lo normal, cuando mis oídos escucharon aquellas palabras de Joseph.
—Estoy enamorado de ti, y me di cuenta apenas hace unos días... —susurró, mientras echaba hacia atrás un mechón de pelo.
Esto no podía estar pasando. Tenía que ser un error.
¿Joseph enamorado de mí? ¿Qué chiste era este?
Él jamás se fijó en mí. En su boca siempre estaba Leire. En su cabeza también. Y en su corazón, obviamente, también.
—Te amo, Marie. Te amo más que a nada en este mundo —confesó.
Y por primera vez, sentí sus labios sobre los míos, moviéndose al mismo compás que mis labio, y su lengua recorría toda mi cavidad bucal, en busca de la mía, hasta encontrarla y juguetear con la mía.
Sonreí al recordar aquello. Lo recordaba tal y como fue. Cada detalle, cada palabra, cada movimiento, cada suspiro, todo, estaba calcado en mi mente, y no se iría jamás. Porque me resultaba algo imposible de olvidar. Fue un momento demasiado perfecto y único para que se borre de mi memoria.
Pero no todo podía ser tan perfecto.
Un día de instituto normal, en los que veía a Joseph a todas horas, ya que íbamos a la misma clase, y hablaba animada con mis amigas en los recreos; recibí una horrible noticia:
—¡Leire vuelve de España! —gritó emocionada una de mis amigas, cuando mi novio también estaba presente, a mi lado, y al que al escuchar aquella noticia, sus ojos se abrieron, y poco a poco, una sonrisa apareció en su rostro.
El mundo se me vino encima al escuchar aquello, y al ver que mi novio sonreía feliz.
¿Leire vuelve de España? ¿Va a volver a vivir en los Estados Unidos, en esta cuidad, y junto a nosotros de nuevo? Debía ser una broma, o un mal sueño.
No es que Leire me cayera mal. Al contrario; ella me caía bien, y no nos llevábamos mal. Pero no llegamos a tener una relación de amistad con confianza, porque yo la conocí un semana después de que ella volviera a España. No me dio tiempo a conocerla bien, ni tampoco a ganarme su confianza y viceversa. Pero tenía miedo, de que ahora que ella iba a volver, Joseph se diera cuenta de que la ama a ella, y no a mí. O que no la ha olvidado por completo, como él había pensado. O que ella decidiera volver a enamorar a Joseph, aunque él ya estuviera conmigo.
Joseph soltó mi mano, mientras seguía sonriendo emocionado. Se llevó sus manos a su boca, la cual estaba abierta de la sorpresa.
Yo lo miré confundida y llena de tristeza. Mi mejor amiga, y prima de Joseph, Jasmina; se dio cuenta de mi reacción. De que mis ojos se estaban agauchando al ver la reacción de Joseph. Entonces ella cogió mi mano, y la apretó dándome fuerzas y ánimo para que no me pusiera a llorar desconsoladamente allí, delante de todos, delante de Joseph.
La miré agradecida, y a la vez dolida, y ella me abrazó, con disimulo, para que nadie se fijara en que yo estaba al borde del llanto.
—Tranquila —me susurró, mientras frotaba mi espalda con su mano izquierda.
—No puedo estar tranquila, Jas —Jas, así es como yo la llamaba la mayoría de las veces. Su nombre era demasiado largo para mi gusto—. Ella va a volver y eso quiere decir que...
—Eso no quiere decir nada —me interrumpió antes de que yo terminara mi frase—. Marie, no tienes de que preocuparte. Joe está contigo, y está completamente enamorado de ti. A Leire la olvidó hace tiempo. No te comas más la cabeza...
Que segura parecía estar mi amiga. Pero yo no lo estaba, y nada.
—No estoy tan segura de que Joe haya olvidado por completo a Leire —murmuré.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó extrañada.
—¿No has visto su reacción cuando han dicho que Leire vuelve de España? —exclamé dolida. Mi amiga bajó su cabeza y suspiró.
—Sí, la he visto. Pero eso no quiere decir...
—No intentes quitarme este miedo que siento, porque no lo vas a conseguir, Jasmina —dije interrumpiéndola—. Los ojos de Joe han empezado a brillar cuando han nombrado a Leire, y han dicho que ella va a volver. Y no ha tardado ni dos segundos en sonreír como un estúpido —murmuré con rabia.
—No puedes estar así porque estés celosa, Marie.
—¡No son celos! —exclamé—. Es miedo. ¡Miedo!
—No tienes por qué tener miedo...
—Sí. Claro que tengo por qué tenerlo. Y ahora más que nunca —dije, y salí de allí lo más rápido posible, mientras sentía las miradas confundidas de mis amigos.
Me metí a clase, donde no había nadie en ese momento, y comencé a llorar. Ahora nadie podía verme, así que podía aprovechar, aunque después me lavaría la cara, porque seguramente mis ojos me delaten.
—Marie...
Mi amiga apareció por la puerta y corrió a abrazarme, cuando me vio arrodillada en el suelo, con mis manos en mi rostro, y llorando como hace mucho que no lo hacía.
—No puedo, Jas, no puedo... —susurré, mientras sollozaba una y otra vez.
—Shh, tranquila, Marie. No va a pasar nada... —susurraba ella, en un intento de tranquilizarme, pero no creo que lo consiguiera.
Después de tener a Jas rodeando mis brazos, y los suyos rodeando mi cuerpo; me comencé a tranquilizar, y ya no lloraba como antes. Simplemente soltaba pequeños sollozos, pero mi voz ya no estaba entrecortada como antes, por culpa del llanto.
—¿Cuándo vuelve ella? —pregunté con tristeza, mientras la voz me temblaba.
—Mañana —susurró evitando mi mirada.
—¡¿MAÑANA?! —chillé.
Tapé mi boca con mis manos, y negué con mis cabezas varias veces.
Salí de la clase, sin decir nada más. Corrí hasta la salida y salí del instituto. No quería seguir allí, y mucho menos quería encontrarme con Joseph, el cual estaría contentísimo de que su “viejo” amor volviera.
Dios mío. ¿Mañana? ¿Mañana volvería? Esto sería un completo infierno...
Lo que quedaba de mañana pasó volando, mientras trataba de pensar en una solución para que Joseph no se fijara en ella de nuevo. Pero ninguna solución llegaba a mi cabeza, y eso me frustraba muchísimo.
El timbre sonó, sacándome de mis pensamientos.
Sin ganas, bajé a abrir, y cuando abrí, ahí estaba él, la única persona que en estos momentos, no tenía ganas de ver.
—Joe, ¿qué haces aquí? —dije seca, mientras hablaba bastante seria, para lo que yo era, que siempre estaba riendo y alegre.
—He venido a verte. Esta mañana te has ido del instituto sin decirme nada. Jasmina me ha dicho que te encontrabas mal, y estaba preocupado... —explicó extrañado—. ¿Pero qué te pasa? ¿Por qué estás tan seria y tan seca?
Ah claro, él no se imaginaba cual era la razón de la por qué yo estaba así. ¡Maldito!
—Te agradezco que te preocupes por mí, Joseph. Pero estoy perfectamente —murmuré.
—¿Qué te pasa, Marie? —preguntó serio, esta vez más preocupado que antes.
—¿A mí? Nada. ¿Qué podría pasarme? —dije bordemente. Joseph se encogió de hombros y se acercó a mí.
0 comentarios:
Publicar un comentario