—Con tan solo ver tu reacción, y tus ojos al hablar de ella; me es más que suficiente para dudar de ti, Joseph —dije, algo más calmada.
—Marie —me nombró, llamándome—. Marie, espera. Marie...
Al ver que yo no paraba de caminar, y no estaba dispuesta a escucharlo; Joseph se encargó de coger mi muñeca y hacerme girar, y quedar frente a él.
—Escúchame, por favor —pidió, o más bien, suplicó.
—¡¿Qué quieres que escuche?! —chillé
—La verdad.
¿La verdad? ¿Me iba a decir que seguía enamorado de Leire?
—Te amo a ti, Marie. Solo a ti —dijo, y yo abrí mis ojos como platos, de la impresión de sus palabras—. Esa es la única verdad.
Parecía tan sinceras sus palabras. Pero luego su mirada no me hacía pensar lo mismo.
—Y-yo...
No me dio tiempo a decir nada más, porque Joseph me agarró de mi nuca, y me atrajo hasta él, para juntar nuestros labios, en un perfecto y deseado beso.
Yo me quedé sorprendida por su reacción, pero aún así, le seguí el beso. Lo necesitaba.
—Solo te amo a ti —susurró sobre mis labios, en cuanto el beso terminó.
—Perdóname, Joseph —susurré arrepentida, por haber formado tanto lío con todo esto. Joseph solo me amaba a mí. Él me lo acababa de decir. No creo que él fuera capaz de mentirme.
—No tengo nada que perdonarte, princesa.
Ambos sonreímos, y volvimos a fundirnos en un apasionado beso.
—¿Prometes que no me dejarás por ella? —pregunté con temor.
—¿Y tú me prometes que nunca más dudarás de mí? —preguntó con ternura, y una sonrisa en sus labios. Yo reí despacito.
—Te lo prometo —susurré, y después mordí su labio inferior con deseo.
—Entonces, yo también te lo prometo.
Sonrió, y se acercó para volver a devorar mis labios.
Había sido una buena reconciliación, pero ahora volvía a tener miedo. Estábamos todos mis amigos y yo, esperando a que Leire llegara. En unos minutos nos íbamos a reencontrar con ella.
Miré a Joseph, para ver como estaba. Y parecía nervioso, desesperado. Se mordía las uñas, jugaba, repetidas veces, con sus manos, y se tocaba el pelo a cada momento. Me estaba poniendo nerviosa, y cada vez más.
—¡Leire! —exclamaron varios de mis amigos cuando ella venía corriendo emocionada hacia nosotros.
Miré a Joseph, quien la miraba con ternura y una sonrisa en su rostro. Parecía atontado. ¡Maldita sea!
Cuando llegó el turno en el que Joseph y Leire se encontrarían, ambos se miraron con una sonrisa, y se saludaron con algo de timidez.
Decidimos ir al centro comercial, al cine y a pasar la tarde con Leire. Todos disfrutaban de esa salida, menos yo. Joseph no me había hecho caso en toda la tarde, porque estaba bastante entretenido mirando y hablando con Leire.
—Jas, creo que me voy a ir... —le susurré.
—¿Irte? ¿Por qué?
—Mira a Joseph —dije con rabia.
—¡Ay, Marie! ¿Otra vez vas a empezar? —dijo cansada. Yo la miré anonadada. ¿Es que no lo veía?
—No digas tonterías, Jasmina. ¿No ves que no me está haciendo caso en toda la tarde?
—Joseph no va a estar a todo momento pendiente de ti, Marie. Tienes amigos, no solo existe tu novio —dijo molesta.
—Lo sé. Pero míralo. ¿No me digas que no ves la cara de enamorado que se le pone cuando está con ella? —murmuré triste.
Jas no respondió. Así que yo lo tomé como una respuesta positiva de su parte. Bajó su cabeza y mordió su labio.
Yo suspiré y me levanté de la silla, ya que estábamos en un bar tomando un refresco.
—Yo me voy ya —dije alto, para que todos lo oyeran. Pero que casualidad, que todo el mundo se volteó, menos ellos dos. Esto ya se estaba pasando de castaño oscuro.
—¿Tan pronto? —preguntó uno de mis amigos confundido.
—Sí. No me apetece estar aquí... —dije mirando a Joseph, quien estaba muy entretenido, y aún no se había dado cuenta de que me iba.
Todos posaron su mirada en Joseph y Leire y entendieron el por qué me iba ya. Ninguno dijo nada, y tampoco hacía falta que dijeran nada.
Me despedí con un “Hasta mañana”, y salí del centro comercial. No me había despedido de Joseph, y él no se había dado cuenta de que yo ya me iba.
Suspiré.
Creo que ninguno de los dos vamos a cumplir nuestras promesas...
Al día siguiente, era sábado, y como todos los sábados, todos salíamos a pasar el día por ahí.
Yo no tenía ganas, pero sabía que Jasmina me iba a obligar a ir. Por lo tanto, no me molesté en decirles que no iba.
El día de amigos no empezó bien. Cuando Joseph llegó, ni me saludó; solo se fue a donde estaba su querida “amiga” Leire, y se puso a hablar y a reír con ella. Es decir, a coquetear.
—Empezamos bien el día —bufé. Mi amiga me miró, y por su cara, parecía darme la razón.
—Estate conmigo todo el día y pasa de él...
—Que fácil es todo para ti, Jasmina —murmuré.
—¿Y qué prefieres, amargarte el día?
Suspiré.
—Tienes razón —dije. Ella sonrió y besó mi mejilla.
El día estaba siendo una auténtica... basura. Joseph no me había hablado, ni si quiera
para saludarme. Y ni si quiera me miró en toda la tarde, y
...Y ni si quiera me miró en toda la tarde, y yo ya me estaba hartando.
—Joe, ¿te vienes a dar una vuelta conmigo? —le pregunté, a ver si así, me hacía algo de
caso.
—No, Marie. Estoy hablando con Leire. ¿No lo ves? —dijo algo molesto. Me dedicó
una fugaz mirada, y después comenzó a hablar de nuevo con Leire. ¿De qué se reían
tanto? Estaba harta.
—Joseph, tengo que hablar contigo —dije, todavía, calmada.
Estaba harta, y decidida a dejarle las cosas claras. O mejor dicho, a que él me dejara las
cosas claras.
0 comentarios:
Publicar un comentario